jueves, 5 de diciembre de 2013

Capítulo 12: Cita.

Capítulo 12: Cita.
 
Cris había pasado toda la mañana limpiando su cuarto, por lo que estaba agotada. Durmió hasta que fueron las dos de la tarde y se preparó algo de comer.
La verdad es que se había ilusionado con ver a Dani ese día, pero parecía imposible. Él, al fin y al cabo, era famoso; y tenía cosas más importantes que hacer que estar con ella.
Ese pensamiento envió punzadas de dolor a través de su pecho.
-¿Cris? –Unos golpes en la puerta la sacaron del trance. No quería que se repitiese lo del otro día, pero no era la voz de Carlos. Era la de Blas, así que se acercó y abrió.
-¿Sí? –Él entró cuando ella se hizo a un lado y la abrazó.
–Tenemos que prepararte. –Sus ojos se abrieron desmesuradamente, cosa que divirtió al chico.
-¿Prepararme para qué? –Preguntó.
-Sorpresa. –Sonrió con burla y ella descubrió que en la puerta había gente con maletines, baúles y cosas por el estilo. –No te asustes, solo van a arreglarte un poco.
-Me gusta maquillarme y vestirme sola. –Repuso, mirándole. –Tan solo dime cómo tengo que ir, bajaré en un rato y, si no les gusta, pueden trabajar. –Señaló a los estilistas y maquilladores.
-De acuerdo. –Suspiró, resignado. –No es nada formal. Solo puedo decir eso.
-¡Eres el mejor! –Rió, subiendo las escaleras a toda prisa.
Abrió el armario, intentando encontrar algo apropiado. Al final se decantó por esto: http://www.polyvore.com/verano_15/set?id=77850403
Se duchó, peinó, maquilló y vistió en el baño de su habitación. Pensó que había tardado mucho, pero fue solo media hora. Todo un logro.
Bajó y se encontró con los profesionales y Blas. Estaba claro que creían que no lo conseguiría.
-¿Y bien…? –Alzó una ceja.
-Tenías razón. –Reconoció él. Le tendió un brazo y ella se agarró para bajar, no quería matarse por las escaleras. –En serio, merecéis premios solo por andar con esas cosas. –Ella rió, Blas era muy amable.
-Blas, ¿tengo que asustarme por lo que Dani prepare? –Murmuró, tímida. Él la miró, casi incrédulo. –Es que… Bueno… Yo… -Miró al suelo. –Ni siquiera he dado mi primer beso, ¿sabes? –Se sonrojó.
-¿En serio? –Eso le impactó, no sabía qué había preparado Dani con exactitud, pero sí que podía adivinar que la besaría.
-Tengo miedo de que solo quiera… Hum… Ya sabes…
-¿Qué, sexo? –Ella asintió.
-Puedo asegurarte que él no es así. –Sonrió, intentando tranquilizarla.
—Blas, ¿Carlos me odia? —Se mordió el labio.
— ¿En serio lo preguntas? —La miró.
—Yo... No soportaría que uno de mis ídolos me odiase... —Sus ojos se cristalizaron.
—Como llores se te correrá el rímmel y parecerás un mapache. —Bromeó, provocando que ella sonriese. —No te odia. Al contrario, le gustas. Y mucho, he de decir.
—Gracias. —Besó su mejilla y se subió en un coche una vez ya llegaron al porche.
—Suerte, preciosa. —Cerró la puerta, pero antes le ató un pañuelo para que no pudiese ver.
Estaba asustada, no sabía qué encontraría. Y ahora que tenía los ojos tapados se sentía más insegura.
<<Confía en mí>> dijo la voz de Dani en su cabeza.
<<Lo haré>> pensó. <<Por ti>>.
—Ya hemos llegado. —Un rato más tarde, alguien abrió la puerta y la ayudó a bajar.
—Tranquila, soy yo.
— ¿Álvaro? Oh, menos mal, me preocupaba que fuese un violador. —Bromeó, riendo.
—Que chistosa. —Pero no pudo evitar reír. —Anda, vamos.
—Me siento como el rehén en las películas.
—Eres nuestro rehén. —Bromeó Álvaro, divertido. La condujo hacia un ascensor. El chico pulsó el botón y esperaron.
— ¿Quién me trajo?
—David. —Las puertas del ascensor se abrieron, dejando al descubierto a Carlos, que se encontraba dentro. —No te extrañes si no hablaba, queremos que todo salga perfecto y eso daría pistas. Tenías que ir encontrándote con nosotros uno a uno hasta llegar a él.
—Eso quiere decir... —Se tocó la barbilla. — ¡Qué Carlos está aquí! —Trató de huir, pero no pudo.
—Tranquila. —La abrazó y la ayudó a entrar. —Toda tuya. —Le dijo al rubio. Éste soltó el botón que mantenía las puertas abiertas y que paraba el ascensor y éste comenzó a ascender.
Paró un minuto más tarde, y él se decidió a romper el incómodo silencio:
—Pasadlo bien.
Estaba confusa, y tenía miedo de lo que esa noche pudiese pasar.
Unos brazos la envolvieron por detrás, aportándole calor.
—Estás preciosa.
Toda su confusión y todas sus dudas se disiparon, tener a Dani rodeando su cuerpo con sus brazos hacía que se estremeciese solo con pensarlo.
-Gracias… -Susurró. Intentó quitarse el pañuelo, pero él tomó sus manos y las apartó.
-Shh, tranquila… Confía en mí. –Pidió, sus manos ascendiendo desde sus manos a sus hombros, deteniéndose unos segundos en su espalda. Segundos que para ella fueron eternos.
-¿Dónde estamos? –Murmuró con los ojos cerrados. Cosa que él no podía notar por culpa del pañuelo.
-¿Tienes los ojos cerrados?
-Tú y tu manía de responder a mis preguntas con más preguntas. –Rió levemente. –Sí, los tengo cerrados.
-Bien, no los abras hasta que yo te diga. –La soltó y de repente un frío la invadió. Se frotó los brazos intentando ganar algo de calor. Desató el pañuelo y éste cayó al suelo.
-No dejes que me caiga.
-Nunca. –Tomó su mano y la ayudó a avanzar unos pasos. –Bien, ábrelos. –Pidió. Ella le hizo caso.
-Guau… -El chico realmente había hecho un gran trabajo.
Estaban en una azotea, y un camino de pétalos iba desde donde ella se situaba hasta una mesa perfectamente decorada con unas sillas.
-Siento el tópico. –Dijo, refiriéndose a los pétalos.
-¿Bromeas? Esto es increíble. –Sonrió ampliamente. Le observó de arriba abajo: Llevaba un esmoquin negro, con la chaqueta abierta.
-Me alegro de que te guste. –Se acercó a ella y pasó una mano detrás de su nuca, acercándola a él. Esa cercanía la abrumaba.
-Dani, tengo que confesarte algo. –Apoyó su frente contra la del chico, respirando su propio olor. Olía a menta, cosa que la volvía loca. –Nunca…
-¿Nunca…? –Murmuró él, sin abrir los ojos.
-No he besado a alguien. –Confesó, y rezó porque no notase el rubor en sus mejillas. Que fuese de noche ayudaba.
-Oh… -Él estaba sorprendido. –Entonces no… -Pero ella no le dejó terminar porque acortó la distancia y juntó sus labios. No tardó en corresponderle.
Era como flotar, solo existían ellos dos y todo era perfecto.
Tuvo que separarse cuando sus pulmones exigían aire.
 
Dani volvió a juntar sus labios, seguro. Sus manos pasaron de la nuca de ella a sus mejillas, acariciándolas con los pulgares.
Estaba perdido, la quería.                       
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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