jueves, 5 de diciembre de 2013

Capítulo 13: Una cena inolvidable.

Capítulo 13: Una cena inolvidable.
 
Se quedó agarrada a él por mucho tiempo, tanto que cuando miró la hora ya era más de medianoche.
-Dani, ¿puedo confesarte algo? –Él abrió los ojos, escrutando su rostro. Asintió lentamente, esperaba que ella dijese cualquier cosa menos eso. –Te quiero. –Susurró, sus ojos cerrados y sus mejillas ardiendo por la vergüenza.
-Yo también te quiero. –Acarició una de sus mejillas con la yema de los dedos.
-No sabes lo feliz que me pone oír eso. –Rió y volvió a besarle.
-Cris. –Murmuró él cuando se separaron, jadeante por la falta de aire. –La cena se enfría.
-Oh, ya veo, nos estamos besando y a ti te preocupa la cena. –Alzó una ceja, divertida. –No sé si ofenderme.
-Es que he cocinado yo. –Hizo un pucherito muy tierno.
-Aww, anda, comamos entonces. –Él apartó su silla como un caballero para que ella se sentase y después se sentó en frente, observándola.
 
Un rato después ya habían cenado y él se levantó.
-¿A dónde vas? –Preguntó, temerosa de que se fuese.
-Tranquila. –Caminó un poco y cogió la funda de su guitarra. –Me gustaría que compusiésemos algo juntos.
-¿Bromeas? Oh, Dios mío, Dani. Eres perfecto. –Él se sentó a su lado, apoyando la guitarra en sus piernas.
Empezaron a componer y alrededor de la una de la madrugada ya tenían gran parte.
-Se te cierran los ojos. –Susurró en su oído.
-Nunca he estado más despierta. –Debatió ella, mirándole fijamente.
-Genial. –Susurró, juntando sus labios. Por un momento ella pensó que se caerían al frío suelo, pero lo que había debajo de ellos era suave. Una manta. Entonces se sintió asustada, cosa que él notó. –No te obligaré a nada. –Murmuró, sin dejar de mirarla.
-Gracias. –Sus mejillas se tornaron de un rojo suave y él se tumbó a su lado, abrazándola. La protegería con su cuerpo contra todo. Entrelazó sus manos con las de ella y notó cómo la chica se iba quedando dormida poco a poco.
-Descansa, Cris. Te protegeré contra todo. –Ella se quedó dormida con una sonrisa en el rostro.
 
La mañana siguiente Dani se despertó sonriendo, cosa que era normal. Pero ella no estaba y le preocupó que se hubiese arrepentido de haber salido con él.
-¿Buscabas a alguien? –Alzó ella una ceja. Estaba sentada en el suelo, con la guitarra en su regazo.
-Sí, a ti. –Se levantó, se acercó a ella y la besó por unos segundos.
-Dani, ¿qué somos? –Esa era la pregunta que él más temía. Si lo hacían público estaba claro que la poca privacidad que a ella le quedaba se esfumaría. Pero tal vez Carlos, si viese que no funcionaba la cosa, trataría de salir con ella. Y aunque ese pensamiento de “posesión” fuese egoísta, tenía razón. Se habían declarado el uno al otro y no iba a permitir que nada ni nadie les separase.
-Hablando de eso… -Se puso de rodillas, adoptando la ridícula pose de cuando un hombre va a pedirle matrimonio a su novia. -¿Me harías el honor de ser mi novia? –Ella no sabía si gritar, reír, llorar, cantar o abalanzarse sobre él, por lo que optó por tirarse encima y besarle.
-¡Sí! –Para él ese gesto fue muy adorable. -¿Y si probamos un tiempo y si va bien se lo contamos a nuestros padres y a los chicos? –Murmuró un rato después, abrazada a él.
-Me parece bien. –Colocó un mechón de pelo detrás de su oreja y se puso de pie. –Tendríamos que irnos.
-Mis padres me matarán como lleguen y no me vean. –Rió, cogieron sus cosas y pasaron por una puerta. Bajaron en ascensor hasta llegar al portal y, delante de éste, se encontraba una moto. –Dani, no es por parecer una cobardica, pero nunca he montado en una. –La señaló.
-Siempre hay una primera vez para todo. –Contestó él con una radiante sonrisa. Se subió él primero para indicarle cómo debía de hacerlo y ella siguió sus pasos. –Ahora agárrate a mí. –Levantó un poco su chaqueta, lo suficiente como para que ella pudiese envolver los brazos a su alrededor. Él creía que había colado, por lo que sonrió ampliamente.
-No soy tonta, sé que puedo agarrarme a las barras portaequipajes. –Susurró en su oreja, para después depositar un beso en ésta.
-Me estás provocando. –Rió él.
-Lo sé. –Respondió ella, sonriente.
 

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