domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo 25: Vacaciones de Navidad.

Capítulo 25: Vacaciones de Navidad.

Ya era Navidad y a Cris, Ángela y Diego ya les habían dado las notas. La primera aprobó todo con muy buenas notas, mientras que Ángela seguía sacando de siete a ocho en todo y Diego... Bueno, él suspendió una; pero, por suerte, a su novia esa asignatura se le daba genial.
Cristina entró en su twitter y decidió comprobar si Dani había escrito algún tweet.
"Cada día más feliz por ella. Amarte es poco. Te amo, princesa. Feliz Navidad."
Se limpió una lágrima de felicidad que corría por su mejilla antes de twittear.
"Si todos los días voy a despertarme con un tweet de mi amado @DaniAuryn moriré de amor".
Dejó el móvil en la cama y se metió en el baño de su habitación.
Se dio una larga ducha, dejando que el agua se llevase todas las preocupaciones. Había sacado unas notazas y, por si fuera poco, la noche anterior Dani le había presentado a sus padres por teléfono. Eran muy majos y les había caído bien, punto a su favor.
Cuando salió, se puso algo calentito (http://www.polyvore.com/normal_30/set?id=80104638) y esperó en el salón sentada en un sofá con un libro en su regazo hasta que Dani apareció. No le prestó mucha atención al libro, la sola idea de cenar con Dani a solas ya la abrumaba.
Recordó su cumpleaños y sonrió, lo celebraron todos juntos, pero ella quería aplazarlo y así lo hicieron, por lo que hacía unos días Dani y ella estaban compartiendo una tarta que ponía "Blue love".
El timbre sonó, sacándola de su ensoñación. Se levantó y abrió la puerta. No le dio tiempo ni de mirar quién era, unos brazos rodearon su cintura y una boca se estampó contra la suya. Conocía esos labios y ese sabor a la perfección, tan bien que lo reconocería hasta en la oscuridad.
-Feliz Navidad, pequeña. –Dani le acarició la mejilla y sacó una pequeña caja de un bolsillo.
-Feliz Navidad, blueheart. –Le dio un besito de esquimal y cogió una caja que estaba al lado, sobre una mesilla que se situaba junto a la puerta.
-Veo que ambos pensamos igual. –Rió levemente él.
-Yo también lo veo. –Se hizo a un lado. –Anda, pasa. –Esperó a que él entrase y, cuando lo hizo, cerró la puerta. –Bueno, yo primero. –Le entregó la caja al rubio, que la abrió con suma delicadeza, y se quedó mirando con estupefacción la pequeña esfera de cristal que contenía fotos de ambos. Puede que fuese un regalo algo ‘típico’, pero ella sabía que le encantaría.
-¡Me encanta! –La cogió en brazos, dándole vueltas en el aire. La bajó un minuto después, pues no quería marearla. –Espero que te guste el mío. –Ella abrió la cajita ante la dulce mirada de él. Sus manos rozaron la delicada cadena de plata y se encontraron con un topacio azul en forma de corazón. Una clave de sol se situaba al lado de éste, también dentro de la cadena.
-Dios, Dani, esto es demasiado… -Le miró, incapaz de decir cualquier otra cosa. Como siguiese hablando se pondría a llorar, ambos lo sabían.
-Shh, no seas tonta, ven aquí. –La abrazó, permitiendo que ella enterrase su rostro en su pecho. –Tenemos una reserva en un restaurante, Cris. –Ella se separó lo justo para mirarle.
-Voy a cambiarme. –Sonrió pasando una mano por la mejilla izquierda de él y subió a toda prisa. Se cambió
(http://www.polyvore.com/noche_de_fiesta_08/set?id=97556738) y bajó en cuánto ya estaba lista. Se puso una chaqueta encima del vestido y bajó, agarrándose el vestido para no caerse. –Hay que ir elegante, ¿No? –Él la miró de arriba abajo, luchando contra el impulso de quitarle la ropa ahí mismo.
-Estás… Increíble. –Ella se sonrojó mientras se situaba a su lado y entrelazaba su brazo derecho con el izquierdo del chico.
-Venga, vamos. –Cogió su móvil y las llaves y salieron. Cerró con llave y él la llevó hasta su coche. Le abrió la puerta del copiloto como un caballero y ella se subió. Después la cerró, se subió él y se pusieron los cinturones. -¿Queda cerca?
-Sip. –Él sonrió mirando al frente mientras conducía, no le gustaba apartar la vista de la carretera. –Así que salgo con una empollona cuya nota más baja ha sido un nueve, ¿No? –Se burló, sin borrar esa sonrisa tan dulce de su rostro.
-No te doy una colleja porque estás conduciendo. –Amenazó ella, señalándole con un dedo e intentando aparentar enfado. Pero en realidad estaba muy contenta.
Llegaron, aparcaron, se bajaron y, una vez dentro del lujoso local, el hombre que llevaba lo de las reservas les acompañó a la mesa más apartada, en la que apenas se les vería, así no les molestarían los fans.
La cena transcurrió entre sonrisas cómplices de enamorados, caricias y platos deliciosos.
-Cris, tengo algo que preguntarte. –Dani se levantó y se arrodilló delante de ella, hincando una rodilla en el suelo y sacando una cajita de un bolsillo. A ella se le agitó la respiración mientras que él ponía el obsequio en su mano, instándola a abrirla. Y así lo hizo. –Sé que igual es precipitado, pero sé que quiero pasar toda mi vida contigo, y como cuando termines el curso empezarás la universidad, pues me gustaría que fuese conmigo. –Tomó una gran bocanada de aire. -¿Quieres venirte a vivir conmigo? –Cris se pellizcó el brazo, no sabía si era un sueño. Se agachó para que su boca quedase a la altura de la de él y murmuró:
-Quiero pasar el resto de mi vida contigo, así que… -Lo dejó en el aire unos segundos, para hacer sufrir al rubio. –Pues claro que sí. –Él se puso en pie y la cogió en brazos, sin importarle que todo el restaurante les estuviese mirando. La depositó en el suelo con extrema delicadeza y ella cogió la llave. -¿Me haces un favor? –Sacó el colgante que él le regaló, metió dentro la llave y le pidió que se lo pusiese. Apartó su pelo con delicadeza y acarició su cuello mientras colocaba la cadena alrededor de éste y cerraba el broche. Le dio un beso en la zona antes de cubrirla con el pelo de nuevo.
-Gracias por hacerme feliz. –Susurró en su oreja antes de separarse. Ambos volvieron a sentarse, ya no les miraban.
-Gracias a ti por permitirme que te haga feliz. –Sonrió y les llevaron la cuenta. Dani pagó (nunca le dejaba pagar a ella), recogieron sus cosas y salieron de allí.
El rubio condujo un rato hasta aparcar, pero aparcó en un lugar diferente a la casa de ella. Estaba cerca, porque era del mismo estilo que el chalé en el que Cris vivía con sus padres. Bajaron y él la cogió en brazos, como cuando el hombre de una pareja de recién casados coge a su esposa, y entraron así en la casa.
Todo era perfecto, y encima tenían hasta mascotas (un perro y un hámster).
-Ala, si yo desde pequeña he tenido hámsteres. –Se acercó, el animalito parecía dormido, pero abrió los ojos y la olisqueó antes de acercar su rostro a los barrotes. -¿Puedo? –Se giró para mirar a Dani, que asintió. Abrió la puertecilla de la jaula y metió la mano. Una bola de pelo de color café con leche le dio la bienvenida, y ella le cogió con mucho cuidado. –Que mono, por Dios. –Rió y se puso a jugar con el animal.
-Le haces más caso a Channel que a mí. –Dani se sentó junto a ella haciendo un pucherito y Cris metió al hámster en su jaula. Cerró la puertecilla y miró a su novio antes de sentarse a horcajadas sobre él.
-Eso es porque para ti tengo otra cosa. –Sonrió, pícara. Dani captó la idea y le quitó la chaqueta, lanzándola por ahí. Como estaba puesta la calefacción, no tenía que preocuparse por el frío. Es más, en esos momentos la temperatura subía por minutos.
Poco tiempo después, la cogió en brazos sin dejar de besarla y subieron las escaleras a trompicones. Al llegar a su habitación, la depositó sobre su cama y se deshicieron de la poca ropa que les quedaba.

Dani sabía que si se olvidaba de la protección, Cris le castraría o algo por el estilo, por lo que le hizo caso.

A la mañana siguiente, el rubio abrió los ojos y se encontró con Cris, que dormía profundamente. No pudo evitar el apretarla más contra sí, ya que tenía miedo de que en cualquier momento desapareciese y todo hubiese sido un sueño.
-Te amo, Dani. –Susurró ella. Él temía haberla despertado, pero se dio cuenta de que estaba hablando en sueños.
-Yo también te amo, Cris. –Le dio un beso y salió de la cama, completamente desnudo. Se dio una ducha y salió del baño, ya vestido.

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